viernes, 28 de noviembre de 2008

Veuve Clicquot Ponsardin

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Se llamaba Barbe-Nicole Ponsardin y su biografía parecía condenada a un gris anonimato bajo la sombra de su esposo, Françoise Clicquot, un emergente empresario textil con intereses en el sector vinícola. Sin embargo, el destino tenia otros planes para la joven Ponsardin, e incluso una nueva identidad. En 1805, con los fulgores napoleónicos de fondo, Barbe-Nicole enviuda; tiene 27 años y en Reims todo el mundo comienza a conocerla como la Veuve Clicquot Ponsardin.
Es precisamente con este luctuoso nombre con el que rebautiza y relanza los vinos de su difunto y se convierte, acaso sin quererlo, en la gran dama del champaña.
"La viuda de Clicquot fue visionaria, audaz y perseverante, además de ser una de las primeras mujeres de negocios de aquella época: invertió en nuevos y fecundos terrenos en la montaña de Reims, elevó la producción de sus espumosos e impulsó el comercio fuera de las fronteras francesas", destaca Cécile Bonnefond, actual presidenta de la companía. Al margen de su condición femenina y del olfato para los negocios, madame Clicquot ha entrado en las enciclopedias enológicas por un motivo más técnico. En 1816 innovó el proceso de elaboración con un invento que ha perdurado hasta hoy: la mesa de removido. Este mueble permite colocar las botellas de manera invertida para que los pozos de la fermentación se acumulen en la zona del corcho y salgan despedidos en la fase de deguello.
Si el abad Pierre Perignon fue el primero en codificar el método champanoise, Clicquot Ponsardin lo mejoró.
Actualmente la marca de la etiqueta amarilla exporta el 85% de su producción y es la segunda mas vendida en el mundo, detrás del indesbancable Moet&Chandon.
A pesar de haber pasado por diferentes manos desde la desaparición de la viuda -en la actualidad pertenece a la multinacional del lujo LVMH- la Veuve Clicquot ha sabido conservar su mayor patrimonio: uvas de primera calidad y el arte enológico de ensamblar vinos.
En función de las características del terreno, los viñedos con DO de la región de Champagne se clasifican en diferentes grupos: Grands Crus, para los de calidad 100%, Premiers Crus, de 90 a 99% y Crus para los de 80 a 89%. "Los de la Veuve Clicquot Ponsardin obtienen una calificación media del 97% y ahí radica la base de nuestra calidad" indica Bonnefond. Curiosamente, las hectáreas que adquirió la viuda de Clicquot en los primeros años de 1800 sacan las notas mas altas de la companía, de allí proceden las uvas que se destinarán a la elaboración de la Grande Dame, la referencia fetiche de la marca, un vino que sólo se elabora en las mejores añadas y que, antes de salir al mercado, necesita al menos 10 años de reposo en las cavas.
En las afueras de Reims una hectárea para la explotación de champaña cotiza en torno al millón de euros y para sacarle provecho se requieren 600 horas de trabajo. Eso explica, en parte, el alto precio del producto. "En la elaboración del espumoso francés se utilizan tres variedades vinícolas: pinot noir, pinot menier y chardonnay; el kilo de las tres uvas tiene un precio medio de 5 euros y para cada botella de 75 cl se necesita al menos un kilo y medio de frutos, desgrana Oriol Doménech, relaciones públicas de la marca en España, al tiempo que añade un dato para los que no entienden la diferencia de precios entre el champaña y el espumoso nacional en la vendimia del año pasado, las uvas para elaborar cava apenas superaron los 20 céntimos el kilo".
Una botella de brut Carte Jaune, la referencia mas popular y económica de la Veuve Clicquot, ronda los 30 euros, pero en su interior encierra algo mas que uvas de alta tasación.
"Este champaña sin añada es el fruto de la mezcla de unos 50 caldos procedentes de la última cosecha y entre un 25 y un 40% de vino de reserva.
"El objetivo de los enólogos es crear un producto que cada año, al margen de la diferente calidad de la vendimia, sea reconocido por sus cualidades organolépticas" explica Doménech. ¿Cómo lo hacen? A base de nariz y paladar, con una sabia memoria gustativa que se transmite de generación en generación. fuente no reg.

Clicquot y otras ocho viudas del champagne

Entre Nicole Clicquot-Ponsardin (1777-1866), fundadora de Veuve Clicquot, y Cécile Bonnefond, su actual presidenta, hay varios siglos de historia del champagne en los que las mujeres, y en especial las viudas, han desempeñado un papel determinante. Como Elisabeth Bollinger, llamada cariñosamente Lily, que se hizo cargo de la marca del mismo nombre desde las difíciles fechas de la II Guerra Mundial, 1941, hasta su muerte en 1977. Viuda de otra ilustre casa, Piper-Heidsieck, fue Yolanda Kunkelmann, que transmitió la dirección a su hijo François en 1965. Tuvo por esposo a un marqués piloto de cazas que cayó en la II Guerra Mundial y acometió la dirección de la empresa con un nuevo marido ajeno al negocio del vino, el general D’Ales. Suzanne Gosset Paillard fue el alma de la casa Gosset, una familia que por 16 generaciones ha documentado sus viñas en Ay, en el corazón de Champagne. Se hizo cargo de la bodega cuando su marido fue movilizado durante la I Guerra Mundial. Viuda desde 1955, dirigió la casa hasta su muerte. Desde 1887, otra viuda, la de Eugene Laurent, Mathilde Perrier, endureció sus rasgos y su ánimo con pruebas muy duras durante 38 años. No era fácil sostener después de la I Guerra Mundial el nivel de una casa que antes de 1914 producía 600.000 botellas anualmente. Años después de su muerte sin herederos fue otra viuda, Marie Louise de Nonancourt, quien levantó la empresa y convirtió el escuálido almacén en el que apenas quedaban 12.000 botellas en el lustre de la actual casa Laurent-Perrier. Jeanne Alexandrine Louise Melin se casó con Louis Pommery en 1839, cuando él se ocupaba de un almacén de fardos de lana. No tardaron en cambiar las pacas por toneles y botellas rotuladas por la sobria etiqueta de Pommery. Viuda a los 39 años, se hizo cargo de la parte de su marido junto a otros dos socios y, adivinando el gusto de la clientela, hizo que la casa abandonara los tintos para dedicarse en exclusiva al champagne. Otra ilustre dama fue Camille Orly Roederer. Viuda desde 1932, dirigió 42 años la histórica casa que en el pasado conquistó los mercados ruso y americano. De profundos ojos, la dulce imagen de Elisabeth Salmon contrasta con la fiereza campesina de su esposo, Nicolas François Billecart. Ella fue quien preservó Billecart Salmon cuando, a la muerte de su marido, los dos hijos irreconciliables pugnaban por la sucesión. J.M.Bellver

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