jueves, 6 de noviembre de 2008

Monjes, maestros cerveceros

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El modo principal de subsistencia de los padres trapenses del monasterio de Koningshoeven es la elaboración de cerveza. Situado al sur de Holanda, en plenos Países Bajos y muy cerca de Tilburg, sobresale en medio del horizonte como una aparición. Fue fundado en 1881 por unos monjes que huían de las persecuciones a que eran sometidos en Francia y muy pronto se iniciaron en el noble arte de la elaboración de cerveza. En un principio el monasterio se instaló en una granja llamada "De Schaapskoi", que en una traducción literal quiere decir la jaula de los corderos. Pronto se construyó el edificio del monasterio al lado de la granja y ésta se transformó en cervecería. La vida en Koningshoeven transcurre sin sobresalto·, al ritmo que marcan las campanas. Si acaso el paso de algún que otro avión de la cercana base militar de Gilze-Rijen es lo único que rompe la monotonía. Los treinta monjes, cuyo promedio de edad supera ampliamente los setenta años, reparten su jornada entre el rezo y los paseos. Cuando tañen las campanas acuden todos con lento caminar hacia la iglesia. Su paso pausado y silencioso por el claustro, contrasta con el ajetreo que, a pocos metros, se vive en la planta productora. El padre Cyprianus tiene 82 años y durante 20 ha sido el prior del monasterio y sustituye al actual en su ausencia. 'El padre prior ha ido a lndonesia -musita en un francés difícilmente inteligible- para visitar un monasterio fundado por nuestra orden y que mantenemos nosotros." Debido a su edad y aunque posee buena salud el padre Cyprianus ya no trabaja en la cervecería. "Ahora sólo soy un buen consumidor -confiesa-. Y corno puede ver, la cerveza va muy bien para conservarse en forma". Koningshoeven es uno de los seis monasterios existentes en el mundo que producen "cerveza trapense" del mismo modo en que se producía hace cien años. Su característica principal es la realización, de una segunda fermentación una vez embotellada. Con ello se alcanzan hasta diez grados alcohólicos y un contenido en anhídrido carbónico que le transmite un sabor peculiar. No es de extrañar que sea una cerveza muy popular en los Países Bajos, donde se venden la mayor parte de los 25.000 hectolitros de producción anual. En el resto de Europa y en especial en España no es muy conocida. Al igual que sus homólogos cartujos los padres trapenses de Koningshoeven son unos linces para los negocios.Al ver que cada vez podían dedicar menos brazos para el trabajo en la cervecería, y que poco a poco iban siendo substituidos por obreros especializados, hace un año decidieron invertir más de cuatrocientos millones de pesetas en la modernización de la factoría y poner un director civil al frente de la misma. Ahora no sólo tienen una de las plantas más, tecnificádas de Holanda sino que un solo monje es suficiente para asegurar la presencia de la comunidad en el proceso productivo.
con sólo veinticuatro años es el entusiasta cervecero de la orden y el hermano Samuel uno de sus más incondicionales "clientes" y no sólo un gran amante de la cerveza sino que además está a cargo de los 170 bueyes que posee el monasterio y cuyo principal alimento lo proporciona la cervecería. Entre sus numerosas actividades, que le llevan continuamente de un lugar a otro, está la de capitán del cuerpo de bomberos de Koningshoeven. En el improvisado cuartel aparca un viejo DAF con más de treinta años de antigüedad, que él se encarga de tener siempre a punto. Si un día se produjera un incendio es posible que poco se pudiera hacer, pero gracias a su existencia los monjes se ahorran una buena cifra en las primas del seguro. Son dos mundos, el monasterio y la factoría, que conviven en pocos metros pero que sin embargo nunca llegan a encontrarse. A un lado del jardín, la oración y el estudio, al otro el ir y venir de los obreros míentras producen miles y miles de litros de cerveza. En la actualidad son pocos los monasterios en los que se continúa elaborando alcohol. La mayoría de ellos han vendido sus fórmulas a multinacionales del sector o bien encargan la producción a destilerías. Otros, o ya no existen o han transformado sus medios dé subsistencia y han cambiado el alcohol por chocolate o queso. Sin embargo, son aquellos cuya tarea principal es la producción de algún tipo de bebida alcoholica los que presentan más saneada su economía monástica.

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