jueves, 6 de noviembre de 2008

Cerca de Grenoble

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Completamente rodeado por los Alpes se yergue el monasterio de La Gran Chartreuse, donde los monjes cartujos elaboran los conocidos licores amarillo y verde desde 1737. vida de ermitaños propia de la orden no ha impedido que a lo largo de dos siglos hayan producido un licor que ha satisfecho los más exigentes por todo el mundo. Las estrictas reglas que rigen la orden de los cartujos impiden al visitante acceder al interior del monasterio, pues la paz de las celdas se podría ver alterada por la mirada foránea. Sólo el puntual repicar de las campanas perturba, si ello es posible, la calma del lugar. Estos monjes diseminados a lo largo de 23 monasterios en todo el mundo pasan la mayor parte del tiempo en la soledad de las celdas. Dom Michel es el padre prior de la Gran Cartuja. Es difícil conseguir que salga de su voluntaria reclusión y solo ocasionalmente accede a ello. Tiene 54 años y lleva 30 como cartujo. Vivió diez años en Tarragona controlando la destilería que la orden .tenía allí hasta que hace un año fue vendida a la Generalitat para ubicar una delegación de la Conselleria del Interior. Ante él ha colocado una copita de licor de manzana, una de las últimas creaciones de los cartujos. Su castellano es fluido, sin acento, pero su hablar es apenas perceptible. Acostumbrado al silencio hasta su voz parece molestarle. 'Producimos alcohol -dice dom Michel- para ganar dinero y nada más, El alcohol es algo que necesita pocos empleados y esto nos permite al resto de los monjes vivir en espiritualidad." Cetrine es una de las azafatas que, desde hace siete meses, acompañan al visitante del museo y de las bodegas de Chartreuse y se ha formado su opinión acerca de los padres. "Son unos leones para los negocios. Siempre están pensando la manera de modernizar la producción, no sólo para ser más productivos, sino para no tener que salir del monasterio. De ellos partió la idea de automatizar la destilería y la de comprar los nuevos y modernos alambiques." La mayor parte del trabajo de la destilería, situada en Voiron, a 20 kilómetros del monasterio, se hace sin salir de éste. "Para evitar que los padres y los hermanos tuvieran que abandonar varias veces a la semana el monasterio -cuenta dom Michel- instalamos un sistema informático llamado 'Telecom' que nos permite controlar el sistema productivo desde la sala de mandos del monasterio. Esto es así hasta el punto que en siete meses, Cetrine afirma no haber visto ni un solo monje en la destilería, aunque también es cierto que cuando van procuran esconderse de la mirada indiscreta de visitantes y trabajadores. Dom Michel, nos ha recibido en la hostería del monasterio, reservada para los familiares de los monjes, que, una vez al año pueden acudir a visitarlos durante dos o tres días. La temperatura en el exterior es de dos grados bajo cero, pero a dom Michel parece no preocuparle, a juzgar por las sandalias sin calcetines que calza. Bajo las cuatro hectáreas de tejados de La Gran Chartreuse, viven unos 30 monjes cuyo promedio de edad oscila entre los 40 y los 45 años. "Llegan jóvenes -cuenta dom Michel-, pero no tanto como antes. Ahora tienen, al llegar 25 o 35 años mientras que antes la edad de los recien llegados estaba comprendida entre los 18 y los 25. Entran después de muchas experiencias, incluso en otras religiones. Muchos acuden a nosotros huyendo de la vida moderna." Después de la fórmula de la Coca-Cola, la del licor Chartreuse debe ser la mejor guardada del mundo. En 1605, el mariscal francés d'Estrées entregó a los padres cartujos un manuscrito que revelaba la fórmula de un elixir de la vida. El manuscrito fue guardado hasta que al cabo de un siglo, en 1737, Jérôme Maubec, boticario del monasterio, estableció la fórmula exacta del elixir que todavía hoy, con sus 71 grados alcohólicos, se sigue fabricando. Inmediatamente se empezó a destilar un licor de salud de color verde que tenía 55 grados y, aproximadamente cien años después, se empezó la destilación del amarillo con 40 grados. A lo largo de todos estos años se han sucedido los intentos de robo de la fórmula y numerosos han sido los plagios, pero a pesar de todo, Chartreuse es uno de los mayores fabricantes de licor del mundo con un millón de botellas vendidas cada año. El manuscrito con la fórmula está bien guardado y muy pocos padres la conocen, sólo aquellos tres que cada cuatro o cinco años son elegidos por el padre prior para ser sus depositarios y los responsables de la preparación de los jarabes en los que intervienen unas 130 hierbas diferentes, lo que da una idea de la dificultad de descifrar el misterio, No deja de ser curioso que durante más de doscientos años una orden de ermitaños mantenga su independencia gracias a los ingresos obtenidos por un líquido concebido fundamentalmente para fomentar la sociabilidad.

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